Manu Ginobili estará contento hoy, después de la victoria de ayer de su equipo contra Phoenix Suns. Una victoria inesperadamente cómoda, que pone la que pensábamos que sería una serie muy disputada en un contundente 3-0 para el equipo de San Antonio. Pero esta vez no fue el argentino quien más brilló en su equipo, a pesar de sus 20 punto (7 de 11 en tiro). Tampoco Duncan, aunque estuvo muy bien con 23 puntos y 10 rebotes. La gran figura de la noche fue el francés Tony Parker.
El base de los Spurs estuvo espectacular, consiguiendo 41 puntos, su récord personal de anotación. Si el año pasado fue Manu quien logró su marca más alta contra los Suns (48 puntos), esta vez fue Parker quien brilló más que nunca. Y es que los Suns cometieron un error fatal en defensa: pensaron que para detener al francés sólo hacía falta evitar sus penetraciones a canasta. Olvidaron que hace dos años, Popovich contrató a Chip Engelland, uno de los mejores entrenadores de tiro, para que mejorara la técnica de su base. El resultado lo vimos ayer, cuando Parker consiguió una suspensión tras otra, con una comodidad inusitada.
Especialmente destacado fue el contraste con el base de los locales. Steve Nash estuvo muy opaco, oscurecido por la dura defensa de Bruce Bowen. En los locales sólo brilló Stoudemire (28 puntos, 11 rebotes), mientras su equipo lo pasaba francamente mal en defensa. Y es que los Suns tienen un problema grave en ese aspecto. San Antonio tiene tres grandes estrellas que le permiten anotar desde cualquier sitio, y hay que estar mucho más encima para poder pararlos.
A estas alturas, parece evidente que haber traspasado al mejor defensor del equipo para obtener a un Shaquille O´Neal lento como nunca y malo como siempre en los tiros libres, fue un gran error. Remontar un 0-3 en una serie al mejor de siete sería algo histórico para Phoenix. Una hazaña que no parece que nadie pueda conseguir contra San Antonio, y mucho menos los Suns.








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